Colocar un trapito húmedo debajo de una placa con plancha de siliconas para que no se deslice. Volcar el caramelo.
Adicionar unas gotas de colorante líquido sobre el caramelo.
Integrar el color con espátula metálica (no hace falta que quede totalmente parejo).
Adicionar la esencia sabor tutti frutti.
Integrar nuevamente con espátula metálica hasta que el caramelo tome el perfume.
Amasado y formado de los chupetines
Con cuidado, mover la plancha de silicona hacia el centro para ir juntando el caramelo y formar una bola.
Cuando el caramelo se despega de la plancha de silicona y se formó una “bola”, colocarse guantes para calor (si no tenés, usar guantes de silicona en capas) y rociar con apenas rocío vegetal para que no se pegue.
Amasar estirando el caramelo y doblándolo sobre sí mismo, repitiendo varias veces hasta lograr un acabado satinado y brillante.
Separar una porción y estirarla formando una “viborita”, como si fuera plastilina.
Enroscar la tira de caramelo sobre un palito de chupetín, cubriéndolo en forma de espiral.
Cortar el excedente con tijera y hacer una pequeña marca con la tijera en la base del chupetín si te quedó una “colita” para que, una vez frío, se pueda retirar fácilmente el sobrante.
Repetir con el resto del caramelo hasta formar todos los chupetines.
Si al enrollar notás que no llegás a cubrir todo el palito, cortar el palito con tijera antes de terminar y continuar el enrollado: nadie se entera y queda perfecto.
Si el caramelo se “enfría” y pierde elasticidad para estirar, llevarlo a horno precalentado a 150 °C durante 20 segundos, solo para devolverle un poco de calor, y continuar trabajando.