Precalentar el horno a 160 °C.
Preparar un molde de tarta desmontable de 20 cm de diámetro. Reservar.
Retirar la masa de la heladera, despegar el film superior y, ayudándose con el film inferior, usar la base de la tartera para cortar la base.
Con el resto de la masa, cortar tiras para formar los bordes y unirlas a la base, presionando suavemente para que no queden espacios.
Espolvorear la base con una capa de migas de bizcochuelo o vainillas desmenuzadas; esto ayudará a absorber el exceso de humedad del relleno.
Volcar el relleno de manzanas frío sobre la base y distribuirlo, dándole una forma levemente abombada en el centro, tipo domo.
Estirar nuevamente los restos de masa si fuera necesario y cortar tiras parejas para formar el enrejado superior.
Disponer primero todas las tiras en un sentido sobre la tarta, dejando un pequeño espacio entre cada una.
Levantar intercaladamente algunas tiras y colocar las tiras en sentido perpendicular, formando el clásico enrejado. Presionar suavemente los extremos contra el borde para que se adhieran.
Recortar el excedente de masa del borde con cuchillo o espátula, prolijando todo el contorno.
Con los restos de masa, cortar pequeñas florcitas u otras formas decorativas con cortantes y colocarlas sobre el enrejado, aprovechando también para cubrir las uniones o sectores menos prolijos.
Batir ligeramente el huevo y pincelar la superficie de la tarta, incluyendo el borde y las decoraciones.
Llevar al horno precalentado a 160 °C y hornear durante aproximadamente 50 minutos a 1 hora o hasta que la masa y el enrejado estén bien dorados y la tarta desprenda un aroma intenso a manzana y canela.
Retirar del horno y dejar entibiar completamente antes de desmoldar.
Desmoldar levantando la base del molde, pasar la tarta a un pie de torta o fuente y servir.